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Nº
45
7/1/2024

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Sobre aprender a ser mar, ser pájaro y ser flor.

El destino de Fausto

Había una vez un hombre que se creía dueño de todo, así que salió a buscar lo que era suyo.
—Eres mía —le dijo Fausto a la flor.
—Sí —respondió la flor—.
Soy tuya.
Contento, Fausto siguió su camino.
—Eres mía —le dijo a la oveja.
—Sí —respondió ella—.
Supongo que lo soy.
Sintiéndose satisfecho, Fausto siguió su camino.
Luego, Fausto se encontró con un árbol, y anunció:
—Árbol, eres mío.
A lo que el árbol respondió:
—Ah, está bien, puedo ser tuyo.
Y el árbol se inclinó ante el hombre.
Eso complació a Fausto, así que siguió su camino, feliz de ser dueño de una oveja, una flor y su árbol.
Pronto, Fausto había reclamado un prado y un bosque y un lago.
Al principio, el lago fingió no escuchar, pero Fausto le enseñó a ese lago quién mandaba ahí.
Cuando llegó con una montaña, con voz clara, Fausto exclamó:
—¡Montaña, eres mía!
—No —dijo la montaña—. Yo soy mía.
Fausto, enfadado, pateó el suelo y apretó el puño.
Aún así, la montaña no se movió.
Pero Fausto hizo tal rabieta que no podrás imaginar, y terminó por demostrarle a la montaña quién mandaba ahí.
Y, finalmente, la montaña terminó por inclinarse ante Fausto y dijo:
—Está bien. Tú estás a cargo. Soy tuya.
Sintiéndose muy importante, Fausto simplemente tomó un bote y salió rumbo al mar.
Pues una montaña, un lago, un bosque, un prado, un árbol, una oveja y una flor no eran suficientes para él.
Cuando se hubo alejado lo suficiente de la costa, Fausto gritó:
—Mar, eres mío.
Pero el mar calló.
—Me perteneces, mar. Sé que puedes oírme —gritó Fausto aún más fuerte.
Luego, después de un rato, el mar respondió con calma:
—Tu no eres mi dueño.
—Te equivocas, sí lo soy —respondió Fausto, sin saber hacia dónde mirar, pues la voz del mar parecía venir de todos lados.
—Pero tú ni siquiera me amas —sentenció el mar.
—Te equivocas de nuevo —aseguró el hombre—. Te amo bastante.
Pero Fausto no decía la verdad y el mar lo sabía.
—¿Cómo puedes amarme si no me comprendes? —le preguntó el mar a Fausto.
—Te equivocas por tercera vez —dijo Fausto.
—Te comprendo profundamente —y luego añadió, impaciente —: Ahora, admite que eres mío o te enseñaré quién manda aquí.
—¿Y cómo harás eso? —preguntó el mar.
—Patearé el suelo y apretaré el puño.
—Si lo que quieres es patear, entonces ven y muéstrame cómo se hace para que lo pueda comprender.
Y así, para demostrar su gran enojo e importancia, Fausto brincó fuera del bote y dio patadas en el mar. Pero Fausto no entendió. Y no sabía nadar.
El mar sintió tristeza por él, pero continuó siendo el mar.
La montaña también regresó a sus asuntos.
Y el lago y el bosque,
el prado y el árbol,
la oveja y la flor
continuaron como antes.
Pues para ellos,
el destino de Fausto
no tenía la menor importancia.

Esta fábula escrita e ilustrada por Oliver Jeffers hizo magia: empezó a desanudar mi bloqueo.

Quién pudiera ser mar ante la realidad. Y ser lago y bosque y flor y seguir creciendo aunque el viento venga en contra y que el miedo no nos rompa y que la esperanza no se agote y que el odio no nos ciegue.

Niñapajaroglaciar

Mariana Matija

No es la primera vez que hablo en este newsletter de Mariana Matija. Todo su trabajo me parece exquisito. Su sensibilidad parece de otro planeta, pero en realidad es muy de este planeta hermoso en el que tenemos la suerte de vivir. Me dio pena no conseguir su primer libro de manera física para poder ponerle papelitos de colores —cosa que descubrí que me hace muy feliz— pero lo tengo en el Kindle y fui marcando cosas como estas:

Parece que el mundo estuviera diciéndome que no, que este momento no puede ser como a mí me gustaría que fuera, no puede ser «ideal», no puede ser tranquilo. […] Fue el ruido del mundo entrando sin invitación a un momento lleno de belleza. Fue un momento lleno de belleza recordándome que hay más cosas en el mundo, además del ruido.

Mariana escribe sobre la tierra y sus conversaciones. Nos cuenta cómo son sus charlas con los bichofués y las pomarrosas. Describe sus paisajes internos, sus lagunas, sus glaciares y sus matas. Cómo alimenta la tristeza y las miles de casas que habita al mismo tiempo. Es un libro bellísimo. Es un libro que voy a volver a leer en cualquier momento porque siento que con una sola vez me quedé corta.

Hockney

Conté en Instagram que por fin pude leer despacito. Me llevó un par de meses terminar este libro acerca de la vida y obra de Hockney. Fue un viaje hermoso que me hizo repensar muchas de mis concepciones acerca del arte. David siempre se tomó su trabajo con alegría, viviendo en el ahora.

En 1995 Hockney visitó una retrospectiva de Monet que lo inspiró muchísimo:

No necesitas ser crítico de arte para darte cuenta que Monet fue un gran artista. Lo podes ver vos mismo. Salí de esa exhibición y empecé a mirar todo intensamente. Esa pequeña sombra, la luz pegando en una hoja. Pensé: “Por Dios, ahora veo eso. Él me hizo verlo” La mayoría de la gente no ve las cosas así. No pueden vivir un placer como ese. Monet te lo regala porque tenía un espíritu generoso y de esa manera vos también podes encontrar placer al mirar las cosas de una manera nueva.

A mi me pasa exactamente lo mismo con su obra. Abrió una habitación (o quizás un paisaje interno, parafraseando a Mariana) llena de colores y formas nuevas en mi cuerpo y estoy muy agradecida con ese regalo.

En qué ando

Leyendo

La hora de la estrella de Clarise Lispector. Hace mucho que le tenía ganas a la pluma de esta escritora brasileña. Vamos a ver qué tal me va.

Escuchando

Back on 74 de Jungle. Que cosa linda esta banda del bien, che. Mis piecitos se mueven solitos cada vez que los escucho.

Viendo

Gestión del tiempo para creativos de Mònica Rodríguez Limia. Año nuevo, nuevas metas y toda la sarasa de proponerse objetivos. Uno de los míos es integrar amablemente mi creatividad en el día a día y siento que este curso me dio herramientas útiles para planificarlo.

Hasta la próxima

Buenas, ¿cómo estás? Tanto tiempo.

Pasaron largos meses desde que te envié el último correo. Pensé que la razón de mi ausencia se debía a que no sabía qué contarte, que la vida con su ritmo me estaba llevando hacia otros lugares. Después me di cuenta que lo que me estaba pasando era otra cosa, mucho más profunda. Estaba bloqueada. No me di cuenta hasta la última semana del año. Tengo mucho miedo. El miedo, muchas veces, paraliza.

Es que siento que cualquier cosa que diga acá es irrelevante dado el contexto que nos toca vivir en Argentina. Peor: es superficial. Es innecesario. Es poco empático. Hay una parte de mí que me dice “Quién sos, Macarena, para gastar tu tiempo y el de los demás en libros ilustrados y boludeces lindas”.

Entonces me encontré con el libro del comienzo y al llegar al final me largué a llorar. Porque hoy en día hay un Fausto que puede vender nuestras montañas a quien le plazca. Que así como hay un Fausto hay miles de Faustos que de repente ven validados sus discursos llenos de odio y preconceptos erróneos. Pero también entendí que mi creatividad es ese mar. Mi creatividad me da alegría y me sana y me hace sonreír y eso no le pertenece a ningún Fausto. Recordé que Parsimonia también va de compartir esas sonrisas que hoy más que nunca no son superficiales ni innecesarias ni poco empáticas.

Así que acá estoy, deseándonos un 2024 con la mayor paz que podamos encontrar. Mi propósito es ser tan mar como pueda.

Un abrazo inmenso. Gracias por estar siempre ahí,

Maca

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